Las Tres R de la Plena Ciudadanía

¿Por qué insistimos tanto en hablar de plena ciudadanía?

[Breve ensayo extraído de un documento de la Sectorial de Migración de ICV]

Hablamos de Ciudadanía plena cuando hablamos de subjetividad política de la población migrante extranjera.

La ciudadanía es la obtención de derechos civiles y políticos, que hoy son otorgados como sinónimo de nacionalidad en función de la organización política sobre estados-naciones. Las personas dignas de derechos son nacionales de un país, y el estado al cual pertenece es el responsable de otorgar derechos. La población migrante de origen extranjero, ante todo considerada como no nacional, no es beneficiaria de todos los derechos.

La plena ciudadanía significa la obtención de derechos civiles y políticos; y aún más importante, la posibilidad de ejercerlos, en beneficio de poder reclamar, defender y garantizar los derechos humanos y sociales. Se trata de derechos para ejercer y reclamar más derechos.

La ciudadanía debe ser el punto de partida, y no una meta a alcanzar como premio a ser buen migrante. Es el punto de partida para combatir la estratificación social y el camino hacia una sociedad igualitaria y la inclusión social. Sin la emancipación política de la población migrante de origen extranjero – y especial de origen extracomunitario – no se podrá combatir del todo el racismo y  el fascismo. La población afectada debe ser también protagonista en la lucha, no ser víctima y en espera de políticas paternalistas que de momento no han tenido buenos frutos. La forma de acotar el fascismo y el racismo es a través de la participación activa y del empoderamiento de las minorías que hoy en día todavía no son “ciudadanas”.

La plena ciudadanía no se logra de un día para otro, ni tan siquiera con el otorgamiento de la ciudadanía. La plena ciudadanía significa garantizar derechos y deberes, pero también oportunidades! No habrá plena ciudadanía sin políticas específicas de igualdad de oportunidades y políticas de reconocimiento.

Para describir de una forma concisa la plena ciudadanía, nos referimos a las tres R: Reconocimiento, Redistribución y representación (siguiendo el modelo de Chacon). (link Nous horitzons).

El Reconocimiento:

Las personas de diversas procedencias y culturas somos diferentes. No habrá sociedad diversa ni intercultural sin el reconocimiento del Otro. Es el primer paso del dialogo intercultural e intersocial. El reconocimiento de la diversidad cultural y de la diferencia, sin que ella genere desigualdad.

El reconocimiento también pasa por Reconocer la historia y la relación de Europa y Occidente con otros pueblos. La colonización europea ha supuesto el expolio de recursos de territorios, el sometimiento político y la asimilación cultural por imposición. Las coronas europeas fueron responsables de la exterminación de pueblos originarios y de la deportación y la esclavitud de millones de personas durante siglos. Familias enteras en casi todo el mundo nacieron, crecieron y murieron bajo un mismo sistema esclavista y colonial. Las consecuencias políticas, económicas, demográficas, culturales, sociales y psicológicas de la colonización y de la esclavitud aún se perciben en miles de pueblos originarios y han repercutido negativamente en el desarrollo económico y cultural de los mismos. El reconocimiento de los daños cometidos en el pasado implica de alguna manera una compensación moral a la población que ha sufrido, pero también significa el afianzamiento de la paz mundial, y el respeto hacia la diversidad cultural y la convivencia. Constituye también parte del empoderamiento de las personas no ciudadanas de la UE que viven actualmente en distintos países europeos y que provienen de países que han sido ex colonias.

El reconocimiento como primer paso del empoderamiento colectivo es la contraposición al racismo.

La Redistribución:

Es imposible conseguir la plena ciudadanía sin politicas de redistribución de la riqueza y el trabajo. El racismo es un sistema de estratificación social por el cual parte de la población no accede a determinados recursos. De nada servirán las políticas de reconocimiento y de interculturalidad si la población de origen extrajero continúa ocupando el escalafón más bajo de la sociedad, los peores trabajos y los mal pagados. De nada servirá tampoco el reconocimiento si los jóvenes de origen extranjero aún se ven restringidos para acceder a las universidades por falta de recursos o por segregación escolar producida por el mismo sistema educativo. Sin economía social y sin trabajo garantizado no habrá plena ciudadanía.

La Representación:

Las personas extranjeras son parte de la transformación social, y como tal deberían tener los derechos políticos garantizados y estar representadas en las instituciones. El derecho al voto y a ser votado es una herramienta de diálogo y de acompañamiento a la inclusión social. El voto y el derecho a la participación política no debe ser un premio del “buen migrante”, no debe ser la guinda del pastel, debe ser uno de los ingredientes principales del pastel. Los derechos políticos acaban de definir la plena ciudadanía, es lo que define la ciudadanía en tanto emancipación política y a la vez es una herramienta para conseguir más derechos.

La apuesta por la inclusión social dependerá de la plena ciudadanía, que tiene como eje estos tres conceptos: reconocimiento, redistribución y representación. El vínculo entre nacionalidad y ciudadanía debe ser revisado en función de un nuevo paradigma: una ciudadanía inclusiva en función de la residencia que nos permita ejercer una ciudadanía plena.

 

 

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