Zuni y Blanca

Zuni y Blanca no se conocen. Ambas tienen la misma edad y viven en Barcelona. Blanca vive en la zona alta, en el Paseo de la Bonanova, y Zuni vive cerca del carrer Llul, en el barrio del Besòs. Blanca estudia arquitectura en la Universidad Ramón Llul y Zuni estudia sociología en la Universidad de Barcelona.

Blanca vive con sus padres y sus hermanos mayores en una casa de dos plantas. Por la noche se queda estudiando en su habitación. A la mañana baja a desayunar a la cocina y encuentra el café preparado y el pan fresco. Juana la saluda con alegría y le pregunta si quiere probar la mermelada de frambuesa que acaba de comprar. A esa hora la casa ya está reluciente y el resto de la familia está toda fuera. Juana le saca conversación a Blanca y consulta con ella la decisión del menú del día. A Blanca le da un poco lo mismo si habrá estofado o tortilla para cenar, pero escucha las sugerencias de Juana. Mientras Blanca se plancha el pelo y se arregla para ir a clase, Juana prepara zumo de naranja para las dos. En la mesa de la cocina ya está el bocadillo de jamón para el almuerzo. “Muchas gracias Juani!”, le dice Blanca de forma cariñosa. Ella es muy amable con Juana y siempre se han llevado muy bien. Cuando Juana empezó a trabajar en esa casa, Blanca tenía 5 años. Su madre y su padre atendían el negocio casi todo el día y ella se quedaba con Juana. Conoce casi todos los sabores de las comidas dominicanas e incluso algunas canciones que Juana le enseñó. Cuando Juana trajo a sus hijos a vivir a Barcelona, estuvo unos años trabajando en otra casa, porque ya no podía hacer el horario tan intenso que requería la familia. En su lugar vino a trabajar la prima de Juana, también dominicana, y luego otras mujeres. Blanca echaba de menos a Juana. Cuando la venía a visitar, le pedía por favor que vuelva a cuidarla. Unos días después de que Blanca cumpliera 14 años, su madre tuvo un accidente esquiando y se quebró el fémur. Juana fue a verla al hospital y les llevó un ramo de flores para toda la familia y un oso de peluche perfumado para Blanca. Mientras la mamá de Blanca estuvo con la escayola, Juana iba a ayudarla todos los sábados. Cuando se recuperó del todo, le propusieron a Juana que vuelva a trabajar en la casa, en el horario de 9 a 6 que ella quería hacer.

Cada día a las 8 de la mañana, Juana le da un abrazo fuerte y un beso con ruido a Zuni, y se va a trabajar. Del barrio del Besòs hasta la Bonanova tarda casi una hora, mitad de camino en metro y mitad en bus. Zuni toma poco café, prefiere los cereales y unas tostadas con queso y dulce. Antes se pasa un buen rato en el baño arreglándose los rizos. No es un pelo afro, pero cuando hay humedad se le infla como espuma. Cuando llegó a Barcelona con sus 9 años, sus compañeras de clase se mostraban intrigadas con su pelo y le hundían la mano para sentir el roce de los rizos. Al principio, le molestaban un poco los comentarios sobre su pelo, pero con el tiempo se acostumbró a ser “la chica del pelo exótico”. A su novio le gustan mucho sus rizos brillantes y a ella le gusta que le gusten. Zuni se prepara un bocadillo de jamón y se va a clase. Por la tarde, trabaja tres horas en una asociación de inserción laboral y luego se va a recoger a las mellizas de su hermano. Tiene poco tiempo para estudiar y ha tenido que postergar un par de asignaturas para el año siguiente. A veces, entre ella y su hermana mayor, preparan la cena. Saben que su madre está cansada y le insisten en que vaya a charlar un rato con su vecina y amiga Charo que está recuperándose de una enfermedad. [Ver Hoy conocí a Charo].

Cuando Zuni era pequeña se crió en Santo Domingo con su abuela y su tía Jenny. Su mamá vino a Barcelona cuando ella tenía un año y medio. Sin embargo, contrariamente a lo que cualquiera puede pensar, a Zuni nunca le faltaron cuidados y atención. Creció pegada a la falda de su abuela, rodeada de tías y primos. Su mamá la llamaba por teléfono, le enviaba ropa nueva y nunca le faltó un regalo de cumpleaños. Cuando le explicaron que ya estaban listos los papeles para venir con su madre a Barcelona, ella imaginaba una cabaña de madera rodeada de nieve. No encontró tal cabaña, pero el parque del Besós de al lado de su casa le encantó porque tenía muchos juegos. Como su madre trabajaba mucho, su hermana mayor la acompañaba al cole y le calentaba la comida al mediodía. A la tarde hacía los deberes y luego salía a jugar al parque.

Contacté con Zuni para hacerle una entrevista para el proyecto de investigación sobre reagrupación familiar. Aceptó enseguida y tomamos un café. Hablamos de todo como si nos conociéramos de toda la vida. Me contó sobre sus recuerdos de infancia en Santo Domingo. Su sonrisa constante y su frescura no eran un cliché. Se nota que ha sido una niña cuidada. No dejó escapar ni medio gesto de rencor ni tristeza sobre el proceso migratorio de su madre ni del de ella, pero revivía las historias con muchísima emoción. Se permitía mirar el pasado y a su familia con valentía. En un momento me animé a preguntarle qué sentía por Blanca y si alguna vez se sintió celosa porque su mamá se pasaba casi todo el día en casa de esa familia. Me contestó que alguna vez le dijo algo en broma a su madre, pero nada más.

Al terminar la entrevista me agradeció sobre todo el poder valorar el trabajo de su madre. “De esta manera nos damos cuenta lo que ellas sufrieron e hicieron por nosotros”. Nos despedimos cerca del metro con la promesa de comer pronto el arroz con habichuela, y me dijo aún cargada de emoción: “Ahora voy a llamar a mi abuela”.

Ver La Abuela Francisca

Ver Juana, el amor y el oro

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