Un verano más en la Frontera Sur

Un verano más en la frontera sur. Este agosto no hay focos mediáticos. No hay fotos de algún niño muerto en la playa replicada en las redes sociales. No se ven “avalanchas” de pateras ni de saltos a la valla por la tele. España parece estar centrada en las vacaciones de nuestros posibles gobernantes que no se deciden a pactos, o bien en el debate de qué prenda de vestir deben llevar las mujeres a la playa. Sin embargo, desde Tánger, la ONG K-Minando fronteras anuncia una y otra vez la salida de alguna embarcación o el pedido de auxilio en el mar de Alborán o en el estrecho de Gibraltar. Pero de este lado del estrecho, esos llamados tienen poca resonancia. Las ciudades de Tarifa, Algeciras y Almería reciben, como siempre, a miles de turistas. Turistas que pasean y se bañan en sus playas, ignorando el padecimiento de los naufragios más allá del horizonte y los esfuerzos del personal de salvataje marítimo que busca durante día y noche las embarcaciones perdidas. Muchos llegan a salvo. Otros no. El pasado 11 de agosto desaparecieron en el estrecho de Gibraltar 9 personas. El viento del Levante les jugó una mala pasada. Tan mala como las mismas leyes de extranjería que no les dan asilo ni permiso para trabajar. Eran 9 senegaleses. Cojonudos, seguramente, pero no pudieron con las tramposas corrientes ni con los vientos del Estrecho. Ese lugar tan temido por los navegantes desde la antigüedad. Allí, las columnas de Hércules señalaban la frontera del mundo conocido y la Europa de la modernidad se dedicó a trazar la frontera social, mental y económica más desigual del mundo. “Hay niebla en el estrecho, hoy no se verán los leones”, me dijo un taxista de Tarifa, en tono jocoso. África sí se deja ver. Está muy cerca. Lo que no se ve por la niebla es la pobreza, la falta de oportunidades y la desigualdad, que hacen que tantas personas arriesguen su vida en uno de los pasos fronterizos más peligrosos del mundo. Son sólo 14,4 km que podrían unir más que separar. Un sitio maravilloso, donde el Mediterráneo se funde con el Atlántico, y donde Europa y África casi se besan. Pero España – con financiación de la UE – decidió llenarlos de radares y sistemas de alerta para detectar pateras y así cumplir con su rol de guardiana de la Europa-Fortaleza, lo que hace que las rutas sean cada vez más largas y las embarcaciones más precarias (algunas incluso son de juguete para burlar radares). Quienes logran atravesar el estrecho, son enviados al CIE de Tarifa y/o Algeciras para ser repatriados a sus países, en el caso de que tengan convenio de repatriación con España. Y si tienen suerte de avanzar un poco más por el continente, se encontrarán con el retorno de las fronteras interiores de la UE. En Calais, Francia, las ONG hicieron el recuento de 6900 personas que resisten en los campamentos para intentar cruzar otro estrecho, el Canal de La Mancha. 6900 personas: Record absoluto. En una frontera Schengen! Y quienes llegan por el otro lado del Mediterráneo, por las rutas Libia-Italia, luego son bloqueados en Ventimiglia, la frontera Italia-Francia. Allí esperan – un verano más –  cientos de personas.

Un verano más en la frontera sur mediterránea es un verano similar y a la vez distinto de otros, porque se pierden más y más vidas. Más y más familias que lloran en África a sus seres queridos. Más hijos sin padres, más madres sin hijos, más familias rotas. Más muertes. Es un verano más que pasa, en el que no se ha decidido ni puesto sobre la mesa una verdadera política de gestión de fronteras y de migraciones basada en los derechos humanos, en el derecho de asilo y en el derecho a la libre circulación. Las fronteras se deben pensar como espacios de creación de oportunidades, y no de frustraciones y muerte. Reformular la gestión de las fronteras es repensar una nueva Europa, y su relación con el “afuera”, especialmente con esas familias que están del otro lado llorando a sus muertos. Las migraciones internacionales no se pararán con vallas ni con radares. Los naufragios en la frontera sur solo podrán parar cuando haya un verdadero reconocimiento de una única y plena humanidad. Mientras tanto, es un verano más. Seguiremos atentas a los mensajes de Helena y a la gente que se dedica a salvar vidas.

facebooktwittergoogle_plusmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>