El 8 de marzo y el síndrome del tunel carpiano

Lucía no hará huelga. Tiene cita para una operación de muñeca. Se ha levantado dolorida y casi no pudo dormir. Padece el síndrome del túnel carpiano, una enfermedad que afecta el nervio mediano que pasa por la cara anterior de la muñeca. Lo ha descubierto hace más de dos años, cuando se le cayó torpemente una taza de las manos y una de sus jefas se enfadó. Lucía pensó que aquel incidente podía tener relación con esos hormigueos que sentía por la noche y decidió ir al médico. Le recomendaron calmantes, ejercicios y reposo, pero no se le pasó. La empresa de limpieza para la cual trabajaba comenzó a reducirle las horas porque al parecer ya no era tan eficiente, y Lucía buscó trabajo como cuidadora de un señor mayor. Tuvo que insistir para que le den el alta en la Seguridad Social, para poder renovar el permiso de trabajo y no correr el riesgo de quedarse sin cobertura sanitaria, preocupada por su mano. Después de varios tratamientos, le dieron cita para una cirugía.

Negar las enfermedades de las mujeres trabajadoras siempre ha sido habitual. Los médicos (médicos, en masculino) recetan pastillas a las mujeres trabajadoras para calmar dolores de espalda, de rodillas y de manos, sin preguntar cuántas horas trabajan y en qué. La industria farmacéutica lleva décadas lucrándose inventando todo tipo de calmantes para apaciguar dolores. No son dolores. Son síntomas de enfermedades, consecuencia de la explotación laboral y del cansancio acumulado que provoca pensar cada día en sobrevivir.

Se niegan que son enfermedades propias de mujeres, y se niegan que son por el trabajo. El síndrome del túnel carpiano es una enfermedad (más) de quienes usan las manos para trabajar y tiene mayor prevalencia en trabajadoras del hogar y limpiadoras de hoteles, generalmente mayores de 45 o 50 años. Se suele asociar a la artrosis y en las clases de medicina de las universidades tampoco se dice que es una enfermedad de mujeres trabajadoras. El Instituto Nacional de la Seguridad Social, categorizaba el “síndrome del túnel carpiano” como una “enfermedad común” y las mutuas no cubrían las bajas médicas. Recién en 2014, una sentencia del Tribunal Supremo lo reconoce como enfermedad laboral, a raíz de un recurso presentado por una mujer trabajadora de la limpieza.

Este 8 de marzo Lucía se opera y tiene que compaginar la operación de su mano con los horarios de la hija mayor del señor que cuida porque el señor no puede quedarse solo. Aún con su fuerte dolor en la mano, Lucía lo levanta, le cambia el pañal, le da de comer y le controla el oxígeno y la medicación. El dolor de Lucía es el dolor de la explotación de las mujeres que fregaron toda su vida, y el dolor de la brecha social a escala global. Es el dolor de aquellas mujeres que a falta de oportunidades en sus países, migraron para buscar trabajo. Y es también el dolor de la opresión y de la invisibilidad de todas las mujeres trabajadoras, de las fábricas textiles del 1900 y de los hoteles, casas y residencias de ahora, a quienes no se les reconoce su trabajo, ni tampoco sus enfermedades. Este 8 de marzo me gustaría dedicarlo a Lucía y a todas las mujeres trabajadoras que sufren el síndrome del túnel carpiano, la enfermedad invisible de las mujeres invisibles.

facebooktwittergoogle_plusmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>