Riace, la resistencia a la Europa fortaleza

En el extremo sur de Italia, un pequeño pueblo desafía a la Europa fortaleza i al racismo de Salvini. Se trata de Riace, situado en la costa de Calabria sobre el Mar Jónico. Es el mismo pueblo que en los años 70 se hizo famoso por unas preciosas esculturas de guerreros de bronce de la Grecia Clásica. Calabria es una tierra de contrastes y contradicciones. Lo que una vez fue la cuna de la civilización occidental, hoy es una región pobre, con altas tasas de paro y en gran parte controlada por la ‘ndrangheta (mafia calabresa). Pero es allí donde Domenico Lucano, el alcalde de Riace, desarrolló su política de puertas abiertas con migrantes y refugiados.

Lo de “puertas abiertas” es literal. Domenico Lucano odia las llaves, y en Riace hay varias casas restauradas para poder quedarse, ya sea de vacaciones o a vivir. El proyecto comenzó en 1998 con la llegada de un barco de refugiados kurdos a las costas de Riace. Los vecinos salieron a ayudar y los acogieron en el pueblo. Unos años más tarde Riace se unió al SPRAR, el programa de protección de solicitantes de asilo del estado italiano y desde entonces acogieron a más de 500 refugiados de Iraq, Etiopía, Somalia, Kurdistán, Afganistán, Palestina, Pakistán, Iraq, Camerún, Nigeria, Senegal, Costa de Marfil y Mali.

Cuando Domenico Lucano se convirtió en alcalde en 2004, la idea fue más lejos. La hospitalidad, un valor de la cultura local, pasó a ser su Política, con mayúsculas. Y fue justamente la emigración lo que inspiró la base del proyecto actual. Lucano y su equipo realizaron incontables llamadas a Argentina, Estados Unidos, Venezuela, Australia y Canadá para localizar a los antiguos dueños de las propiedades abandonadas, que habían emigrado muchas décadas atrás. La respuesta de emigrantes y descendientes fue muy positiva, y muchos cedieron sus casas vacías y cerradas desde hace más de 50 años para que ahora puedan ser habitadas por inmigrantes. El ayuntamiento se ocupó de restaurarlas mediante cooperativas y pequeños créditos de la banca ética, lo cual además generó trabajo. Con esta política, Lucano intentó romper con el sistema asistencial y crear un modelo de acogida basado en la justicia social y en la emancipación. Acoger a migrantes y refugiados permitió rehabilitar el pueblo, impulsar cooperativas, generar trabajo, reabrir los antiguos talleres de artesanía, abrir escuelas y guarderías, y evitar la emigración de jóvenes. Un ejemplo de ello son los talleres de artesanía y de tejidos, una antigua tradición calabresa. Mujeres de Riace que habían heredado la sabiduría del trabajo de la fibra en los telares, fundaron la cooperativa Il Ruscello (El arroyo), a la cual luego se unieron mujeres refugiadas. Los talleres se convirtieron en un punto de encuentro e intercambio de conocimiento de mujeres de todo el mundo. Angela, una joven tejedora nacida y crecida en Riace, cuenta que su compañera de trabajo Rosine, camerunesa que llegó en patera hace 3 años, ahora es una de sus mejores amigas. A su vez, Rosine explica que Riace le recuerda a su pueblo natal de Camerún y allí puede criar a su hija de 4 años – nacida en Libia – y a su hijo Philippe de 7 años con total seguridad y libertad. Es por eso que Riace no es solo un pueblo de acogida, sino que es una pequeña comunidad global, tal como le gusta explicar al alcalde Lucano y a Tiziana Barillà, periodista calabresa que recientemente publicó un libro sobre el modelo de Riace – traducido al castellano y publicado por Icaria Editorial con el título de “Utopía de la normalidad”.

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