Toque de queda

No son millones como las personas que huyen de Siria o de países de África, y no viajan en barcos, pero son refugiados. El llamado Triángulo Norte de América Central compuesto por Guatemala, Honduras y El Salvador, es una región que ha estado durante décadas inmersa en golpes de estado, dictaduras y guerras. Actualmente el nivel de violencia es de los más altos del mundo y la población, atemorizada principalmente por las maras, busca refugio en otros países. La mayoría de migrantes y refugiados se dirigen a México y a Estados Unidos, pero muchos vienen a Catalunya (en los últimos años se triplicaron las cifras), un destino más seguro y barato. Debido a que la situación de conflicto social y político que se vive en la región difiere de un conflicto armado en el sentido estricto del término, las personas que intentan escapar casi no se reconocen como refugiadas. Sin embargo, sí fue un conflicto armado el que sentó las bases para la actual ola de violencia.

Las maras tuvieron su origen a partir de la crisis de refugiados que ocasionó la guerra civil de El Salvador en los años ochenta. Una guerra que dejó más de 75.000 muertos y desaparecidos. Más de 40.000 personas huyeron a Estados Unidos y muchas familias se instalaron en barrios marginales de Los Ángeles, California. Allí, sus hijos adolescentes se vieron acosados por pandillas chicanas, coreanas y afroamericanas. Algunos se unieron a la pandilla chicana Barrio 18 que aceptaba centroamericanos y otros fundaron su propia pandilla como modo de protección, la Mara Salvatrucha Stoner que luego se convirtió en la MS13. En un principio eran pandillas hermanas, pero con el tiempo se convirtieron en pandillas rivales. En las cárceles cambiaron las formas de identificarse y se profesionalizaron.

Artículo publicado en el Catalunya Plural Seguir leyendo aquí

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