Pagar el seguro a la chacha

La informalidad en el servicio doméstico (devenido en “de cuidados” con la globalización) ha sido –y sigue siendo– una especie de “costumbre” o tradición en España y en muchos otros países. La OIT estima que en el servicio doméstico hay un 30% de trabajo informal, “en negro” o en “economía sumergida”, nombre que se da a la situación de los trabajadores (en su mayoría las) que no tienen contrato ni están dados de alta en la Seguridad Social.

Según las cifras del Ministerio de Trabajo, antes de la crisis sanitaria del Coronavirus, había registradas en el Sistema Especial de Empleados de Hogar del Régimen General de la Seguridad Social, un total de 394.171 trabajadoras, pero según la Encuesta de Población Activa (EPA), al finalizar 2019 había 580.500 empleadas del hogar en España, estadísticas que parecen bastante estables a lo largo de la historia, aunque siempre hubo dificultades para obtener datos fiables. Hacia 1970, cuando las “chachas”, “minyones” y “chicas del servir” pasaron a ser “asistentas”, mucho antes del “boom” de las migraciones internacionales, se hablaba de entre 600.000 y hasta un millón de mujeres trabajando en el sector. En 1985 se estimaban 700.000, una cifra mágica que se repite en 2012.

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