Ciudad laberinto

Saga Cuentos de criadas que no son cuentos, episodio I, El Comején, 2020.

La historia a la que me referiré sucedió en Barcelona. Pero podría haber sucedido en París, Berlín, Nueva York o Los Angeles, o tal vez en Buenos Aires o en Sidney. En cualquiera de esas ciudades sin cielo, repletas de gente anónima. Esas ciudades donde los centros comerciales son todos iguales y las vitrinas ofrecen las mismas prendas de ropa. Allí, donde los habitantes se convirtieron en topos yendo y viniendo en laberintos de trenes subterráneos durante todo el día.

Era un lunes de otoño por la mañana. Flora se disponía a realizar un recado por la Avenida Meridiana. Al doblar en una calle vio a una señora sentada en un banco con la cabeza entre las manos. Siguió de largo, pero algún pensamiento la hizo retroceder. Tal vez fueron los recuerdos de sus primeros tiempos en la ciudad. Se acercó. La señora lloraba desconsoladamente. Se dio cuenta de que podría ser compatriota suya y le preguntó qué le sucedía. “Me desorienté”, era la única frase que podía hilvanar la señora entre su llanto. Flora se sentó a su lado e intentó consolarla. La señora le explicó que debía presentarse en su trabajo, pero que, al salir del subterráneo, todo estaba distinto. Trabajaba de interna las 24 horas cuidando a una anciana y tenía permiso para salir cada seis meses a visitar a su marido. Había salido el viernes y se disponía a volver, pero “todo estaba distinto”. ¿Qué es lo distinto? Flora todavía no terminaba de entender.  Continuar leyendo: https://elcomejen.com/2020/10/08/cuentos-de-criadas-que-no-son-cuentos/